Enemigos de la piel

La piel es el mayor órgano del cuerpo, y, por tanto, está sometida a todo tipo de agresiones que la estropean día a día, casi sin darnos cuenta, como pueden ser el sol o la sequedad ambiental. Además, factores como el consumo de alcohol y tabaco, una mala alimentación o la falta de descanso son también algunos de los mayores enemigos de la piel, que no sólo la agreden directamente haciendo que se vea cansada y apagada, sino que también aceleran el proceso de envejecimiento prematuro.

Es una de las estratégicas bélicas más clásicas: si quieres ganar, conoce a tu enemigo. Hoy la aplicamos al cuidado de la piel: descubre sus mayores enemigos y pon remedio cuanto antes a los daños que provocan.

La exposición al sol: ya sabemos que las radiaciones solares, cuando inciden sobre la piel sin protección, pueden causar todo tipo de daños, que van desde las quemaduras al cáncer de piel. Pero además, la exposición solar causa pérdida de elasticidad y firmeza, arrugas marcadas, manchas… ¡Protégete siempre, sobre todo en verano!

La contaminación: es uno de los factores que aceleran la producción de radicales libres, principales responsables del envejecimiento prematuro. Además, el humo de los coches y las partículas contaminantes que hay en el ambiente se posan sobre la piel produciendo irritaciones y obstaculizando los procesos de regeneración y renovación celular. Por eso es tan importante limpiar bien el rostro al terminar el día.

El estrés y la falta de descanso: un buen descanso es fundamental para prevenir el envejecimiento prematuro, ya que durante la noche la piel pone en marcha todas sus funciones de regeneración y reparación naturales. Si no descansas, se reflejará en tu piel, que estará átona, sin luminosidad, y con signos de cansancio como bolsas y ojeras. Ocurre lo mismo con el estrés: se refleja en la piel, haciendo que se muestre apagada y sin vida.

El tabaco: ¿quién no conoce a estas alturas la cantidad de perjuicios que supone el tabaco para la salud? Pero también para la belleza: arrugas en el contorno de los labios (conocidas como código de barras), piel desvitalizada y apagada, tono irregular, poros dilatados… y mucha tendencia a la deshidratación. Además, la piel fumadora tiene deficiencias crónicas de vitaminas y minerales, sobre todo de vitamina C.

Una alimentación inadecuada: comer mal, consumir muchas grasas animales y beber alcohol son algunos de los principales factores que dificultan la microcirculación sanguínea, deshidratan la piel y multiplican los radicales libres. Una dieta equilibrada rica en alimentos saludables como las frutas y las verduras no sólo se traduce en un buen estado general de salud, sino también en una piel bonita.

Imagen: Gtresonline

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