6 hábitos diarios que están dañando tu piel

Seguro que a estas alturas ya tienes bien claras las reglas para tener una piel bonita: una buena limpieza mañana y noche, nunca acostarte sin desmaquillar, utilizar protección solar a diario… Pero quizá, aunque sigas religiosamente todos los pasos, tu piel no está tan bien como debería. ¿Por qué? Te contamos seis hábitos diarios que, sin que te des cuenta, pueden estar saboteando tus cuidados beauty. ¡Corrígelos!

  • Dormir boca abajo o de lado: la presión en la piel de las sábanas o la funda de la almohada puede favorecer la formación de líneas de expresión permanentes en tu rostro. Lo ideal es dormir boca arriba para proteger la piel y reducir la formación de arrugas.
  • Utilizar una funda de almohada de algodón: la fricción causada por las fibras de algodón puede acelerar la aparición de arrugas permanentes a medida que la piel envejece y las fibras de colágeno se van rompiendo. Además es importante cambiarla, como poco, una vez por semana para eliminar bacterias y células muertas, que se acumulan en la funda de la almohada dando lugar a irritaciones y brotes de impurezas.
  • Sobreexfoliar: la exfoliación es necesaria para mantener la piel en buen estado y favorecer la renovación celular, pero si lo haces demasiado a menudo o con productos muy agresivos lo que conseguirás serán rojeces, irritaciones y brotes.
  • Comer demasiados azúcares: no solo dan energía y aportan calorías de más, sino que favorecen la inflamación, lo que se puede traducir en envejecimiento prematuro de la piel. Ingerir alimentos antioxidantes puede frenar el daño oxidativo y reparar los mecanismos de la piel para mantenerse joven y sana.
  • Consumo de tóxicos: para mantener tu piel tan joven y fresca como te gustaría deberías empezar por reducir al mínimo el consumo de alcohol y cafeína, que deshidratan las células y al mismo tiempo favorecen la aparición de bolsas y flacidez.
  • Pasar demasiado tiempo frente al ordenador: los trabajos que suponen estar muchas horas delante del ordenador suelen derivar en arrugas de expresión, especialmente en el ceño y en las patas de gallo, por los gestos que se hacen repetidamente frente a la pantalla (además de dañar la vista).
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